El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, rechazó este domingo la intervención de la cancillería argentina en el proceso electoral de su país, en un contexto de creciente fricción entre ambos mandatarios. Durante un mitin del Partido dos Trabalhadores (PT) en Campiña, Lula aseguró que «nadie de afuera va a poner el dedo» en las elecciones del 4 de octubre, tras las duras críticas que el presidente argentino, Javier Milei, lanzó contra él en un discurso de apoyo a Flavio Bolsonaro.

Milei, quien se postuló como candidato a presidente en un acuerdo con el Partido Liberal (PL), comparó a Lula con figuras como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, acusándolo de «corrupción sistemática» y de «no haber cumplido con los acuerdos» durante su mandato. Las palabras del líder argentino, que incluyeron referencias a juezes del Supremo Tribunal Federal y al ex presidente Jair Bolsonaro, generaron una reacción inmediata en Brasilia, aunque el gobierno no haya emitido un comunicado oficial hasta ahora.

Lula, en tanto, reafirmó su postura con un discurso cargado de retórica política. «Camino con la cabeza bien alta, tengo vergüenza y carácter que no se encuentran en los centros comerciales», afirmó, un mensaje que busca desviar la atención de su propia situación en el contexto electoral. El PT, partido del presidente, también se manifestó con dureza, con su líder Edinho Silva calificando el comportamiento de Milei como «inadmisible».

El escenario se complica aún más por la participación de Argentina en la cumbre del Mercosur, donde la tensión bilateral podría afectar la coordinación institucional. El presidente del Consejo de la Magistratura del Brasil, Edson Fachin, respondió directamente a Milei, rechazando las críticas al juez Alexandre de Moraes, quien investiga la posible corrupción en el caso del ex mandatario Bolsonaro. La situación refleja un clima de polarización en América del Sur, donde la política interna de cada nación se siente en el ámbito regional.

La confrontación entre Lula y Milei marca un nuevo episodio en la rivalidad política, con implicaciones para la estabilidad del Mercosur y el clima electoral en Brasil. La postura de ambos líderes pone en evidencia las tensiones entre los bloques políticos y la retórica pública como herramienta estratégica en la campaña electoral.