El gobierno de Javier Milei se mueve en busca del apoyo de los gobernadores para avanzar en la reforma electoral, un proyecto que busca eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para las elecciones del 2027. Sin embargo, la estrategia, liderada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, no ha conseguido movilizar una mayoría en el Senado, donde la necesidad de 37 votos se antoja un desafío. La Cámara alta, con 21 bancas, y la baja, con 95, requieren de alianzas para superar la resistencia interna de sectores dentro del oficialismo.

La situación en el Senado refleja la complejidad de la propuesta. Aunque el bloque libertario de Patricia Bullrich controla más de 40 senadores, su apoyo no es absoluto. En la discusión sobre la eliminación de las PASO, el grupo no alcanzaría ni siquiera los 30 votos necesarios, lejos de la mayoría absoluta. Maximiliano Abad, líder radical, rechazó la supresión del sistema, pero aceptó una modificación si se aborda la falta de competencia interna en partidos o frentes. Esta ambigüedad deja abierta la posibilidad de negociar, pero no garantiza el respaldo total.

Los gobernadores también muestran diferencias. El de Mendoza, Alfredo Cornejo, expresó públicamente su apoyo a las primarias, lo que podría traducirse en el respaldo de senadores como Mariana Juri y Rodolfo Suárez, afines a la continuidad del sistema implementado en 2009. Por otro lado, otros senadores, como Carolina Losada y Eduardo Galaretto, apoyan la continuidad de las PASO, mientras que Flavio Fama y Daniel Kronerberger, sin terminal en sus provincias, se oponen a la eliminación. Esta diversidad de posturas complica la formación de un frente unido.

El escenario se vuelve aún más incierto con la postura de Eduardo Vischi, jefe de la bancada. Aunque propone que las primarias sean optativas, su postura contrasta con la del gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés, quien respaldó la propuesta del gobierno. Esta fragmentación resalta la necesidad de acuerdos cruzados, especialmente en un contexto donde la reforma electoral es clave para redefinir el sistema democrático argentino. La falta de consenso en el Senado podría retrasar la aprobación de la reforma, afectando directamente las elecciones de 2027.

La incertidumbre en el Senado refleja la complejidad de la reforma electoral, donde la falta de un frente unido pone en juego el futuro del sistema de elección. La estrategia del oficialismo dependerá de la capacidad de negociar entre bloques y gobernadores, un proceso que podría definir el rumbo de las próximas elecciones.