La victoria 4 a 1 en Boston fue el primer paso hacia la cuarta Copa del Mundo de Noruega. Un país de 5,6 millones de habitantes celebró como si fuera un triunfo de la historia. Entre el entusiasmo, tres familias destacaron: sus hijos, ahora mundialistas, se unen a los padres que antes encendieron el orgullo del fútbol.

Erling Braut Haaland convirtió dos tantos, alcanzando los 57 goles en 51 partidos. A sus 25 años, se convirtió en el máximo goleador histórico del seleccionado. Su compinche, Alexander Sørloth, sumó 26 tantos en 73 partidos tras 10 años de servicio. Ambos, hijos de futbolistas que jugaron en el Mundial de 1994.

El mediocampista Kristian Thorstvedt, ingresado en el minuto 83, marcó el cuarto tanto. A sus 27 años, ya era el más veterano del equipo. Su padre también vestió la camiseta noruega, en una era más temprana.

La saga familiar se remonta a 1938, cuando Noruega debutó en un Mundial. Entonces, el torneo era todo partido único. En 1994, los Vikingos llegaron a cuartos de final. Hoy, tres familias repiten la gloria.

Un fútbol de herencia y sueños. Noruega no solo vuelve al Mundial, sino que lo hace con la fuerza de una historia que se repite, una vez más.