La inteligencia artificial (IA) está generando una riqueza sin precedentes, pero el debate gira en torno a quién la acumulará. Mientras las empresas invertan sin freno en centros de datos, el crecimiento económico sigue estancado. Sin embargo, algunos insisten en que la IA ya está produciendo valor, solo que aún no existe un método claro para medirlo.

La cuestión central es si este nuevo modelo de riqueza será exclusivo de las grandes corporaciones o si se repartirá. La idea de «devolver algo al público» surgió en un comentario del presidente estadounidense, Donald Trump. «Creo que las empresas harán eso», aseguró, aludiendo a que la IA podría enriquecer a las personas si se redistribuye su valor.

Estas palabras resumen una preocupación que se viene observando: la IA está transformando el mercado laboral. Aunque sus beneficios son incuestionables, el miedo a la desocupación crece. Según una encuesta, el 53% de los ciudadanos teme perder su trabajo o al de su hogar, mientras que el 73% se preocupa por el avance de la tecnología.

Una posible solución propuesta es un fondo público para capturar parte de esta riqueza. La propia OpenAI, por ejemplo, sugirió este enfoque. Sin embargo, no todas las empresas comparten esta visión. Aunque el gobierno busca aliviar la resistencia social, la falta de respuestas claras sobre el impacto laboral persiste.

La IA representa una oportunidad sin precedentes, pero su éxito dependerá de cómo se distribuya su valor. Mientras las empresas se benefician de su crecimiento, la sociedad exige transparencia y equidad. La pregunta no es si la IA será riqueza, sino si todos podrán compartir su fruto.