El expresidente Mariano Rajoy reafirmó su crítica a la selección francesa minutos después del triunfo de España en las semifinales de la Copa del Mundo, aprovechando para atacar al gobierno de Pedro Sánchez. En su columna en El Debate, escribió: «De manera especial, gracias a las autoridades por la atención que me prestaron en este Mundial». Las palabras, publicadas el martes, fueron una respuesta directa a las críticas recibidas días atrás.

La polémica comenzó el viernes, cuando Rajoy calificó a la selección francesa de «plantilla de altísimo nivel, pero sin franceses». El comentario, hecho días antes del partido contra España, fue interpretado como un ataque a la identidad nacional francesa. Sánchez, presidente del país, lo tachó de «xenófobo» en un mensaje en X, donde rechazó «las declaraciones que miden la pertenencia por el apellido o el color de piel». «España es de quien la ama y la trabaja», escribió, aludiendo a la integración social.

Rajoy, a quien el gobierno acusa de usar el fútbol para aliviar su baja popularidad, respondió con una ironía habitual. «La pena es que tantos esfuerzos dedicados a glosar mis virtudes les hayan distraído de otras cuestiones que importan a los españoles», escribió, al tiempo que criticó la política migratoria y laboral del Ejecutivo. Su columna incluyó un comentario en clave sobre el partido: «Les interesa más chivarse a un ministro extranjero o hacer una reverencia a un primer ministro para…» — aunque la frase se cortó.

El enfrentamiento entre los dos líderes, uno en el poder y otro en la oposición, refleja las tensiones políticas en España tras la victoria del país sobre Francia. Para el Partido Popular, el triunfo es una oportunidad para reafirmar su agenda social; para Sánchez, una prueba de que el modelo de integración no debe ser cuestionado. Los comentarios de Rajoy, aunque no relacionados directamente con el partido, reavivan una discusión que ya se vive en círculos políticos y medios.

La reacción de Rajoy no solo polariza a la opinión pública, sino que también pone de relieve la importancia del fútbol como herramienta de política en el país. Con el Mundial como telón de fondo, las palabras del exmandatario y el presidente reflejan un debate que va más allá del deporte: una lucha por definir qué significa pertenecer a una nación.