¿Por qué la UNAM recurrió a la IA?

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la institución pública más prestigiosa del país, decidió este año ofrecer su examen de admisión en formato virtual. El objetivo era reducir riesgos de irregularidades, como la utilización de auriculares o la consulta de materiales externos. Para ello, implementó un sistema de vigilancia basado en inteligencia artificial (IA), que analizaba en tiempo real el comportamiento de los estudiantes a través de cámaras y micrófonos. El examen, que constaba de 120 preguntas tipo test, competía por más de 20.000 plazas.

Cómo burlaron la vigilancia

El examen se realizaba bajo el navegador LockDown Browser, que bloqueaba el acceso a otras aplicaciones o a internet durante la prueba. Además, un sistema desarrollado por la empresa Territorium Life analizaba imágenes y sonidos para detectar auriculares, teléfonos o cualquier señal de contacto externo. Sin embargo, los estudiantes encontraron formas de esquivar estas medidas. Por ejemplo, algunos colocaron el monitor fuera del encuadre de la cámara para acceder a ChatGPT o a otros modelos de IA, mientras que otros escondían los auriculares bajo el pelo. En casos extremos, incluso se reportaron situaciones donde personas pagaban a terceros para que realizaran el examen en su lugar.

Reacciones y consecuencias

La Universidad reveló que entre 2021 y 2025, el promedio de aspirantes que obtuvieron 100 puntos o más fue del 3,5%, pero este año ese porcentaje saltó al 16,3%, casi cinco veces más. En el tramo más alto, quienes superaban los 110 puntos pasaron del 0,9% al 5,5%. Estos datos generaron un escándalo académico que ha llamado la atención no solo en México, sino también en el ámbito internacional. La UNAM ya comenzó a analizar cómo mejorar la seguridad del proceso, considerando la posibilidad de actualizar el sistema de vigilancia o incluso revalorizar los criterios de admisión.

El caso de la UNAM resalta la complejidad de aplicar la inteligencia artificial en contextos educativos. Aunque la tecnología puede ser herramienta para combatir trampas, su efectividad depende de cómo se diseñe y se adapte a las estrategias de los usuarios. En este caso, el fracaso no solo afectó la confianza en el proceso, sino que también desencadenó una reflexión sobre los límites de la IA frente a la creatividad humana. La institución ya estudia opciones para fortalecer las medidas, pero la lección queda clara: la tecnología no es infalible.