Las autoridades confirmaron este martes que las rutas principales del país están despejadas, tres días después de que el presidente Rodrigo Paz decretara el estado de excepción. La medida, que prohíbe protestas y ordena limpiar las vías, permitió reanudar el transporte en ciudades como La Paz y El Alto, las más impactadas durante la crisis.

En el pico de las protestas, se registraron hasta cien cortes de carreteras, según informes oficiales. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, tuiteó que «nuestras carreteras han sido liberadas». Las manifestaciones, lideradas por sindicatos, grupos indígenas y productores de coca, exigían la renuncia del mandatario desde mayo, en un contexto de crisis económica de 40 años.

Estados Unidos y 15 países americanos expresaron «profunda preocupación» por el impacto de los bloqueos, calificando los intentos de «socavar el gobierno» como una «grave amenaza» para la democracia boliviana. El presidente panameño José Raúl Mulino acusó a la «izquierda radical» de recibir financiación del narcotráfico para «subvertir el orden constitucional».

El gobierno de Paz sostiene que el exmandatario Evo Morales (2006-2019) impulsó las protestas con recursos del narcotráfico, aunque no presentó pruebas. La situación deja en suspensión la estabilidad política y económica del país.

El despeje de rutas marca un avance, pero las tensiones políticas persisten. La crisis sigue afectando la economía y la confianza en las instituciones, con llamados a la negociación y el diálogo dentro del marco constitucional.