La tensión entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel se desató en horas de la noche del jueves tras el rechazo del Senado a suspender una sesión clave. La vicepresidenta, en un tuit, acusó indirectamente a la senadora de no defender el proyecto de ley que busca proteger la propiedad privada, uno de los puntos más polémicos en el debate político. «Millones de argentinos nos votaron para transformar la Argentina. El que llegó con este proyecto y no está dispuesto a defenderlo, debería dar un paso al costado», escribió Bullrich, sin mencionar directamente a Villarruel.

El conflicto surge tras la tentativa del Ejecutivo de acelerar el tratamiento de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, un texto que enfrenta resistencia desde sectores del oficialismo. Villarruel, presidenta del bloque de senadores de Juntos por el Cambio, había llamado a Bullrich para abordar la suspensión de la sesión, en un intento de evitar una discusión adversa. Sin embargo, el acuerdo no se logró, y el Senado acordó un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto.

Desde el entorno de Bullrich, se acusó a Villarruel de actuar con mala intención, señalando que la decisión de retrasar el debate era «para joder» y aprovechar las vacaciones de invierno. «El que no quiere defender el proyecto debe salir», sostuvieron los allegados de la vice, al tiempo que cuestionaron la cohesión dentro del frente de gobierno.

La discusión revela la fractura interna en el oficialismo, donde las diferencias sobre la agenda legislativa se agravan tras el triunfo de la Scaloneta en el Mundial. La decisión de retrasar el proyecto no solo afecta el ritmo de la legislación, sino que también pone en evidencia la dificultad de unir fuerzas en un contexto de polarización. La tensión entre Bullrich y Villarruel, aunque no pública, refleja las tensiones entre las líneas de gobierno y la necesidad de encontrar un consenso en un momento clave para el ajuste económico.

El retraso en el debate de la ley de propiedad privada profundiza la división dentro del oficialismo, dejando en abierta la posibilidad de nuevas fricciones en el Senado. La acusación de Bullrich a Villarruel no solo resalta la competencia interna, sino también la complejidad de mantener una agenda común en un año electoral.