La disputa entre Victoria Villarruel y Patricia Bullrich escaló al público tras la filtración de mensajes privados que revelaron tensiones internas en el Senado. Las acusaciones, protagonizadas por WhatsApp, surgió minutos antes de una sesión clave para aprobar el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, que fue pospuesta a agosto. Villarruel, vicepresidenta del Senado, y Bullrich, líder del bloque de La Libertad Avanza, intercambiaron críticas acusándose de actuar con «malos modales» y «violencia».

El intercambio, según fuentes cercanas, giró en torno a la gestión del debate sobre el proyecto, un tema que divide a las fuerzas políticas. Villarruel criticó a Bullrich por «vivir en Narnia» al referirse a la crisis de las pymes, mientras que la exministra respondió que los argentinos «quieren progresar, no ser más subdesarrollados». Las palabras de Bullrich, que mencionó sus 6,6 millones de votos y el 51% en la Ciudad, se interpretaron como un mensaje a la interna del oficialismo, especialmente a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia.

Las filtraciones de los chats, según analistas, pusieron de manifiesto la fractura en el frente de gobierno. Se especuló que Bullrich o su equipo compartieron los mensajes para acercarse a Milei, quien lidera la agenda del Ejecutivo. Villarruel, al ser acusada de «maleducada» por Bullrich, respondió remarcando que la exministra no le había saludado en Rosario «por estar al lado de Karina». El escándalo generó cuestionamientos al estilo de gestión interna y al control de la agenda legislativa.

La tensión entre las dos senadoras, que ya había sido visible en asuntos previos, se intensificó con la revelación de la conversación. El Senado, dividido entre el oficialismo y las fuerzas de Bullrich, enfrenta un nuevo reto: equilibrar las presiones internas con la agenda nacional. La postergación del proyecto de inviolabilidad no solo afecta el debate sobre propiedad privada, sino que también refleja las dificultades para unificar posiciones en un Congreso polarizado.

El escándalo de los mensajes muestra la fragilidad de la coalición gubernamental y la dificultad para avanzar en temas clave como la propiedad privada. La postergación del proyecto y las acusaciones intercambiadas entre las senadoras reflejan una crisis de liderazgo que podría afectar las prioridades legislativas en los próximos meses.