Con el caer de la noche, las operaciones de rescate en Caracas cambian de ritmo. Los perros entrenados buscan a personas vivas entre los escombros, mientras el silencio reemplaza a los motores y las alarmas. En Los Palos Grandes, el lugar del derrumbe del edificio Las Petunias 2, los voluntarios trabajan sin interrupción.

El incidente ocurrió el miércoles en el cruce de la Avenida Primera y la Transversal uno. Un semáforo en rojo para quienes intentaban cruzar la avenida se convirtió en una trampa. La torre de 14 pisos se derrumbó, aplastando dos vehículos. «Tardamos días en retirar el primer auto. Había una familia dentro: un matrimonio y su hijo. No les dio tiempo a nada», relata Sttivalia Jáuregui, voluntaria.

Hilda Fandiño, vecina del barrio, escapó milagrosamente del derrumbe. «Iba caminando y estuve a un segundo de que el edificio se me cayera encima. Se desplomó en un instante», dice. El trabajo continúa en la montaña de escombros, donde los rescates son lentos y los gritos se apagan.

La noche en Caracas es un recordatorio de la fragilidad de la vida, mientras los esfuerzos por salvar a quienes aún quedan enterrados persisten en un silencio cargado de tristeza.