El presidente Xi Jinping anunció en 2025 que la economía china priorizaría la demanda interna como motor de crecimiento. Sin embargo, al inicio de 2026, los resultados son decepcionantes: ventas minoristas caen 0,6% mensual, y la inversión disminuye 4,1% respecto a los primeros cinco meses del año anterior.

La dependencia del sector externo se vuelve crítica. El superávit comercial alcanza US$ 1,6 billones, pero el consumo doméstico se debilita. La formación de capital, clave para el desarrollo, registra su primera caída desde 1990, señal de una economía en desequilibrio.

Las importaciones de semiconductores, especialmente de Estados Unidos, crecen 27% en mayo, impulsadas por el boom de la inteligencia artificial. Sin embargo, la productividad de sectores clave se hunde, generando un sistema político que defiende el status quo ante el deterioro.

La economía china se mantiene en una carrera entre superávit comercial y desaceleración interna. Sin reformas estructurales, el modelo actual se vuelve insostenible, enfrentando resistencia política en su transformación.

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