Para que modelos como ChatGPT o Gemini respondan a preguntas complejas, sus creadores recopilaron datos de fuentes variadas: libros, artículos, canciones y código. Esta práctica, justificada como «pedir perdón que pedir permiso», generó miles de demandas. Hoy, los tribunales analizan si usar contenido sin autorización es legal.

Las empresas defienden que su uso cae bajo el «fair use», una excepción en derechos de autor. Sin embargo, las demandas desafían esta postura. Tribunales evalúan si el volumen de datos extraídos de web, bibliotecas digitales o repositorios como LibGen justifica la falta de permiso.

El núcleo del conflicto es si esta práctica es legal. Si los jueces lo consideran ilegal, las empresas enfrentarían multas, limpieza de bases de datos y cambios en su modelo de negocio. Más de 100 casos en curso marcan el inicio de un debate que definirá el rumbo de la IA.

El resultado de estos juicios influirá en cómo se construyen futuras tecnologías. Las empresas deben adaptarse a una normativa que priorice los derechos de autor sin paralizar la innovación.