La camiseta amarilla de la selección colombiana domina las calles de Bogotá, mientras el balotaje electoral se acerca. El fútbol, con su partido inaugural en el Mundial 2026, parece suspender la campaña, aunque la tensión política persiste. El país se divide entre dos modelos antagónicos: el populismo de derecha de Abelardo De la Espriella y la coalición socialdemócrata de Iván Cepeda, que representa una izquierda sin identidad clara.

De la Espriella, quien sorprendió al ganar la primera vuelta con el 43,78% de los votos, prometió «ganar la batalla espiritual». Cepeda, apuntado como izquierdista pero encabezando una alianza de centros, aseguró gobernar «por una causa justa». Ambos intentan atrapar al electorado de centro, que se mantiene distante de ambos.

Las redes y actos privados son ahora el escenario clave. Las últimas encuestas, ya no publicables, muestran ventajas fluctuantes. Algunas marcan un liderazgo de De la Espriella, otras un empate técnico. Los analistas, tras errores anteriores, desconfían de las encuestas y ven un escenario de incertidumbre.

El balotaje refleja un desgaste generalizado de la política tradicional, pero la falta de consenso y la polarización extrema dejan la elección en manos de un electorado dividido y descontento.