Macron convocó a Trump al Salón de los Espejos de Versalles con la intención de mantenerlo presente en el G7, donde el presidente norteamericano suele escaparse al finalizar las reuniones. La estrategia incluyó una cena en el histórico palacio, un espacio que combina lujo y simbolismo histórico.

El lugar fue elegido para celebrar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, algo que Macron aseguró que Francia participó activamente. Sin embargo, críticos del presidente francés lo acusaron de organizar una «gran» cena como distracción para evitar debates complicados.

Trump, quien llegó tarde al palacio tras una conferencia de prensa, mostró entusiasmo por la recepción. En la entrada, Macron y su esposa lo esperaban con un look retrógrado, mientras que el menú incluyó productos regionales y una torta de chocolate.

La invitación también fue una forma de calmar el aburrimiento del mandatario, que prefirió quedarse hasta el final del encuentro. Aunque el acuerdo con Irán fue anunciado durante la cumbre, la visita a Versalles se convirtió en un momento clave para mantener la atención de Trump.

La elección del palacio simbolizó una mezcla de diplomacia y pragmatismo, asegurando que el presidente estadounidense no se marchara antes de concluir el G7.