Hace dos semanas, Gianni Infantino caminaba por los pasillos de la FIFA con la certeza de un mandato indiscutible. Tras organizar el Mundial más rentable de la historia y alinear su agenda con el entorno de Trump, parecía invenciblemente al frente de la organización. Hoy, la escena es otra. La UEFA lo desconfía, la Concacaf estudia un candidato para 2027 y dentro de la FIFA hay renuncias, críticas y fracturas que desestabilizan su gobierno. El detonante: un proyecto que nunca llegó a verse la luz.

El plan que desencadenó la crisis

La iniciativa, denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), propuso crear una empresa para administrar los activos más valiosos de la FIFA: el Mundial, el Mundial de Clubes y otras competencias. La idea era vender el 20% de esa sociedad en una operación valorada en 20.000 millones de dólares. El principal interesado era Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, cercano a Trump. El anuncio estaba previsto para la víspera de la final del Mundial, pero se canceló. Antes de que se presentara, The Times y Financial Times revelaron las negociaciones, convirtiendo la discusión en una batalla política.

La reacción de las ligas y el escándalo

La UEFA fue la primera en denunciar el plan como «un acuerdo privilegiado que beneficia a un grupo específico». Criticó que la propuesta ignoraba los intereses de sus miembros, como España, Alemania y Francia, y que no reflejaba un modelo de inclusión. La Concacaf, que representa a Estados Unidos, México y Canadá, analiza impulsar un candidato para disputarle la presidencia en 2027. Internamente, la FIFA también se desató la crítica. Dirigentes que antes estaban en su círculo cercano se pronunciaron contra la iniciativa, acusando a Infantino de priorizar intereses privados sobre el fútbol global. Las renuncias y los conflictos de intereses han generado una crisis política sin precedentes desde el FIFAGate.

El escenario se complica. La elección de 2027 será clave para definir el futuro de la FIFA. Si no se encuentra un acuerdo, la institución podría enfrentar una renovación radical. Mientras tanto, Infantino enfrenta una crisis interna que pone en duda su liderazgo.