Un giro inesperado en el peronismo: Kicillof en el centro de una ruptura interna
Cristina y Máximo Kirchner confrontan a Axel Kicillof en el seno del peronismo
Dentro del kirchnerismo, Axel Kicillof pasa de ser figura clave a ser blanco de ataques. Sus antiguos aliados lo acusan de traición, mientras el electorado lo sigue respaldando. La tensión se agudiza con críticas públicas y privadas de sectores ultraconfiados en la ex presidenta.
En el corazón del kirchnerismo, una ruptura interna se desata: Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, pasa de ser el líder del peronismo provincial a ser una figura cuestionada por sus antiguos aliados. Desde sectores ultraconfiados en Cristina Kirchner y La Cámpora, se lo acusa de haber alejado al partido de sus raíces. La paradoja es total: para el grueso del electorado, Kicillof sigue siendo un referente del peronismo, pero dentro del partido, su trayectoria ha generado un descontento que se traduce en críticas públicas y privadas.
El giro comenzó cuando Kicillof tomó distancia de la ex presidenta, algo que algunos interpretaron como un corte con el núcleo de poder del kirchnerismo. Facundo Tignanelli, mano derecha de Máximo Kirchner, lo definió como «una alternativa sin Perón», un calificativo que remite a la muerte de Vandor, símbolo de la deslealtad al peronismo. «Mis abuelos trabajaron para que Perón vuelva, no para encontrar una alternativa con Vandor», dijo en una carta publicada en el diario *Clarín*. La frase refleja la percepción de que Kicillof ha alejado al peronismo de su base histórica.
La confrontación se agrava con críticas de figuras clave del partido. La diputada Mayra Mendoza, también camporista, lo acusó de «falta de coraje» al no posicionar una candidatura al gobierno provincial bajo el banderazo de Cristina. En privado, el ultra cristinista Oscar Parrilli lo llamó «ingrato» por no visitar a la ex presidenta, quien cumple condena en su domicilio. Máximo Kirchner, por su parte, criticó a quienes «hablan de unidad pero no van a ver a Cristina». El silencio de Kicillof, que lleva meses sin visitarla, se convierte en un símbolo de su distanciamiento.
La tensión interna afecta al peronismo bonaerense, donde la cohesión se fractura entre quienes ven en Kicillof un posible candidato y quienes lo consideran un traidor al peronismo. En el partido, se repite que Cristina sigue siendo la figura central, pero su ausencia física en el escenario político ha dejado un vacío que algunos creen que Kicillof no puede llenar.
La confrontación entre Kic nadie y el núcleo del kirchnerismo refleja una fractura en el peronismo provincial. La lucha por el liderazgo y la definición de su identidad política se intensifica, con consecuencias que podrían definir el rumbo del partido en las próximas elecciones.
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