El Mundial que no miramos: qué pasa en la calle mientras juega Argentina
Una mirada fuera del televisor: la vida de Buenos Aires durante el Mundial. La ciudad se mueve sin parar, mientras el país se concentra en la pantalla.
El Mundial ya empezó, pero la actitud es la misma: no me interesa, no me convoca. Sin embargo, nacer en el país más futbolero del mundo implica que la pasión sea imposible de ignorar. Una seguidora me escribió por Instagram: «Las empresas de turismo deberían ofrecernos paquetes a los de nuestro equipo para irnos a otra parte durante el Mundial». Me pareció genial, lástima que no organicé nada.
El día del debut, mientras el país se acomodaba frente al televisor para ver a Argentina contra Argelia, decidí salir. Primero saqué al perro, que tampoco le interesa el fútbol. Las calles estaban vacías, pero me fui enterando de lo que pasaba en Kansas City por los gritos. Los festejos retumbaban por todos lados. En cada casa había una tele prendida, y el sonido se escapaba por las ventanas: relatores, goles, repeticiones. Era como si el partido se jugara en la vereda.
La idea de recorrer Buenos Aires sin gente fue atractiva. Pasé por la boca de un subte y me pregunté si habría alguien ahí abajo. Subí a un vagón: cinco personas, e hice una mini encuesta. A dos no les interesaba el partido, pero a tres sí, aunque iban a laburar. El mundo sigue, sin importar el resultado de Messi.
Cuando bajé en Carlos Pellegrini, el Obelisco estaba casi desierto. De pronto, otro grito. Otro gol. Entré a una pizzería para confirmar. La gente estaba feliz. Esa es la parte que me gusta de esta época. Un mozo me dijo que Messi había metido el segundo. ¿Otra vez Messi? Qué cosa este pibe… «Entrá, quedate», me decían. Es que no podés escapar: querés estar al margen de la fiebre mundialista, pero la sociedad te arrastra.
La ciudad vive al ritmo de los gritos y las luces, sin importar si la pantalla está encendida o no. La pasión por el fútbol se expande más allá de los hogares.
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