El calor extremo de julio pone a prueba los sistemas de refrigeración de las centrales nucleares españolas. Estas instalaciones, responsables del 20% de la electricidad del país, operan con mecanismos específicos para manejar altas temperaturas. El Consejo de Seguridad Nuclear monitorea en tiempo real su funcionamiento, asegurando que cualquier ajuste no comprometa la seguridad.

Los reactores dependen de circuitos de refrigeración externos para disipar calor. En centrales como Almaraz, Ascó y Vandellós II, el agua del río o mar pasa por torres de refrigeración que evaporan el exceso de calor antes de devolverlo al entorno. Cofrentes, con reactor de agua en ebullición, utiliza un sistema similar pero con un ciclo directo.

Aunque las temperaturas superan los 35°C, los ingenieros ajustan la producción para evitar sobrecalentamientos. La clave está en balancear energía generada con la capacidad de enfriamiento, algo que los sistemas fueron diseñados para soportar.

Las centrales nucleares españolas operan con sistemas de refrigeración adaptados al clima, pero el aumento de temperaturas exige un monitoreo constante. La seguridad no se ve afectada, aunque el desafío es real.