El aire cálido y seco proveniente del norte de África formó una capa sobre la península ibérica, atrapando el calor y empujándolo hacia Francia, Suiza, Italia y Alemania. Allí se prevé que las temperaturas superen los 35 grados Celsius durante la próxima semana, sorprendiendo a residentes y turistas que habían evitado viajar en julio y agosto por la expectativa de un clima más templado.

Una ola de calor en mayo batió récords en la región, con Gran Bretaña, Francia, Irlanda y Portugal registrando temperaturas históricas para esa época del año. Melanie Goldstein, de 54 años, quien visitó Londres durante la ola de mayo, recordó que «en mayo se supone que la temperatura oscila entre los 15 y 21 grados, con lluvias, pero hacía mucho más calor del que realmente hacía». La pareja evitaba caminar o andar en bicicleta por la ciudad debido al calor insoportable y la falta de viento.

Uno de los principales desafíos para afrontar el calor es la escasez de aire acondicionado en Europa Occidental. Las temperaturas tradicionalmente suaves del verano y las normas estrictas de construcción dificultan su instalación, que suele ser costosa. Excepto en hoteles de lujo y algunos locales modernos, la mayoría de los edificios no cuentan con el sistema. Goldstein describió su experiencia en un hotel: «Nuestra habitación tenía un ventilador, pero solo esparcía aire caliente».

La combinación de factores climáticos y estructurales en la región exacerba el impacto del calor, obligando a la población a adaptarse a condiciones inesperadas. Mientras los sistemas de refrigeración son escasos, la intensidad de las olas de calor persiste, marcando un cambio en el patrón climático europeo.