A los 70 años, Gerardo Bartolomé sigue emprendiendo: tras fundar Grupo Don Mario, se lanza con una nueva empresa que combina tecnología y sostenibilidad en la agricultura.

Hace 40 años, Gerardo Bartolomé decidió desafiar la norma en el mundo agrícola argentino. Con un título de ingeniero agrónomo de la Universidad de Buenos Aires, se lanzó a construir una empresa que, décadas después, se convirtió en líder global de semillas de soja. Hoy, a los 70 años, sigue liderando desde el sillón de chairman de Grupo Don Mario (GDM), pero su mira está puesta en una nueva apuesta: Glycinemax, una empresa que combina innovación y sostenibilidad para revolucionar la producción agrícola.

De semillas a un gigante en la soja

La historia de GDM comienza en 1982, cuando Bartolomé notó que la industria del mejoramiento vegetal estaba en una «política defensiva». A diferencia de los competidores, optó por un enfoque ofensivo: apostar por ciclos de cultivo más cortos para evitar enfermedades y ataques de plagas. Esta estrategia lo convirtió en una referente en el mundo de las semillas, llevando su marca hasta Brasil, Estados Unidos y Sudáfrica.

En sus oficinas de San Isidro, una bandera brasileña con el escudo de GDM lo recuerda como el fundador de una empresa que, desde 2021, pasa a manos de su hijo Ignacio. Sin embargo, su legado no se detiene allí: Glycinemax, su nueva empresa, se posiciona como un proyecto de futuro. «Busco generar más trabajo que rentabilidad», dice Bartolomé, quien ya se dedica a proyectos de desarrollo rural.

La revolución de los ciclos cortos y el plan de diversificación

Glycinemax no solo se enfoca en semillas de soja, sino que también produce trigo, maíz y nueces en tierras propias y alquiladas en Chacabuco, Salto y Córdoba. La empresa cuenta con tecnología de riego moderna y una planta de clasificación de semillas, lo que le permite competir en mercados internacionales. Además, colabora con Bayer para la producción de semillas, y ya emprende con trigo candeal, una variedad utilizada en pastas.

Bartolomé explica que la clave del éxito de GDM radica en su visión inicial: «Los ciclos cortos no solo mejoran la productividad, sino que reducen riesgos y permiten ajustes más rápidos». Esta filosofía se traduce en Glycinemax, donde los cultivos se siembran con una lógica de eficiencia y adaptabilidad. «No es solo sobre semillas, es sobre soluciones para el agricultor», subraya.

Más allá de los cultivos: escuelas y desarrollo local

Mientras que sus empresas se expanden, Bartolomé no deja de lado el impacto social. En 2023, se inició la construcción de dos colegios, uno en Argentina y otro en Brasil. El primero se ubica en Paso Fundo, un barrio humilde a 250 kilómetros de Porto Alegre. «Quiero que estas escuelas sean un legado que perdure», dice, reflejando su compromiso con la educación.

Esta iniciativa se suma a una larga trayectoria de apoyo a proyectos comunitarios. En los últimos años, sus inversiones en zonas rurales han generado empleo y acceso a tecnología, lo que lo convierte en un referente de desarrollo inclusivo. «El verdadero progreso no solo es económico, sino social», afirma, cerrando un ciclo que inició hace más de cuatro décadas.

A los 70 años, Gerardo Bartolomé sigue desafiando los límites del sector agrícola. Su trayectoria, desde la fundación de GDM hasta la creación de Glycinemax, muestra cómo la innovación y el enfoque en la sostenibilidad pueden transformar la producción. Su legado, sin embargo, no se limita al campo: las escuelas que impulsa en Argentina y Brasil marcan un camino hacia un futuro más inclusivo.

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