El boom de los coches eléctricos en España se acelera: en los primeros seis meses de 2026, se vendieron 63.200 unidades, con una cuota de mercado del 10%. La cifra supera el 36% de crecimiento frente a 2025, y sumado a los híbridos enchufables, el 21,79% de los automóviles nuevos tienen etiqueta cero emisiones. Ante esta explosión, el sector de instalación de cargadores domésticos vive una demanda insostenible. Antonio José Pérez, CEO de Mi Cargador de Coche, describe la situación como «una maratón sin pausa desde 2023».

El negocio no solo crece por la adopción de coches eléctricos, sino también por las ayudas públicas. «El Plan MOVES II fue un antes y un después», afirma José, quien explica que los incentivos reducen costos y motivan a los usuarios. Sin embargo, la falta de formación en el sector complica la adaptación. «Los comerciales saben del coche, pero no explican cómo aprovechar la instalación eléctrica», confiesa. El resultado: muchos clientes llegan a instaladores sin entender si pueden usar placas solares o si su red eléctrica soporta la carga.

La complejidad de la instalación resalta la necesidad de planificación técnica. «Subir la potencia de casa sin contar con la infraestructura es tirar el dinero», advierte José. El proceso implica evaluar el sistema eléctrico, la capacidad de la vivienda y si se necesita un cargador tipo 1 o 3. En muchos casos, los usuarios priorizan la compra del vehículo sobre la instalación, lo que genera problemas de incompatibilidad. «Hay quienes llegan con un coche eléctrico y descubren que no pueden cargarlo porque no tienen el cable adecuado», explica.

La espera por el Plan Auto+ complica aún más el panorama. El proyecto, que prometía descuentos en la adquisición de vehículos, fue pospuesto varias veces y aún no se materializa. Mientras tanto, los instaladores enfrentan una demanda constante, pero con recursos limitados. «El año pasado solo pude tomar una semana de vacaciones», dice José, reflejando la presión en el sector. Esta situación exige mayor coordinación entre gobiernos, proveedores y usuarios para evitar que la transición energética se estanque en los detalles técnicos.

La expansión del coche eléctrico en España depende de una infraestructura eléctrica adecuada y una formación adecuada en el sector. Mientras los planes gubernamentales se retrasan, los instaladores alertan que la falta de planificación puede frustrar la transición hacia la movilidad sostenible. La clave está en conciliar la adopción de nuevos vehículos con la modernización de las redes eléctricas domésticas.