El Presidente defiende una evaluación minuciosa

Javier Milei reafirmó este lunes que no establecerá plazos para definir a los nuevos jueces de la Corte Suprema, al tiempo que destacó la importancia de «un trabajo serio» en el proceso. En una entrevista con Radio Mitre, el mandatario indicó que está «estudiando sus trabajos, contribuciones y fallos» de los candidatos, sin precisar fechas. «Es una decisión muy fuerte, muy importante institucionalmente», remarcó, evitando responder si las nominaciones podrían salir este año.

La postura del Presidente se alinea con su enfoque de consolidar una «justicia más eficiente», un eje central de su agenda. Según fuentes cercanas, Milei considera que la complejidad de las vacantes —que incluyen no solo la Corte, sino también la Cámara de Apelaciones y los fiscales— requiere una coordinación entre el Ejecutivo y la cartera de Justicia. El ministro Juan Bautista Mahiques, encargado de gestionar estas designaciones, ha presentado una lista de posibles candidatos, entre los que destacan los jueces Mariano Borinsky y Mariano Llorens, aunque el primero aún no ha sido formalmente mencionado en el proceso.

Vacantes pendientes y el rol de Mahiques

La Corte Suprema actualmente cuenta con tres jueces: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. Las salidas de Juan Carlos Maqueda y Elena Highton dejaron dos plazas vacantes, mientras que otras instancias judiciales también requieren nominaciones. «El ministro Mahiques sigue con la tarea de solucionar los problemas de las vacantes que están pendientes en la Justicia», señaló Milei, reconociendo la complejidad del sistema.

El ministro, cuyo rol incluye la gestión de los procesos de designación, ha sido clave en el avance de las nominaciones. Sin embargo, la falta de consenso en el Senado para aprobar los nombres propuestos —como sucedió con Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla en 2025— ha generado tensiones políticas. Ese episodio, rechazado por la cámara alta, dejó una marca en el gobierno, ya que los oficialistas intentaron buscar apoyos individuales ante la oposición creciente. Ahora, Milei parece priorizar una selección más cuidadosa, aunque sin comprometer el ritmo del proceso.

Antecedentes de fracaso en 2025

La decisión de retrasar las designaciones contrasta con la propuesta fallida de 2025, cuando el gobierno intentó nombrar a Lijo y García-Mansilla. Los pliegos fueron rechazados en el Senado, lo que generó una crisis institucional y una pérdida de confianza en el Ejecutivo. «Ese proceso dejó una traumática herida política», recordó un analista, señalando que el fracaso fue un factor clave en la polarización del sistema.

En el contexto actual, Milei parece optar por una estrategia de «doble lectura»: por un lado, priorizar la calidad de los nombres seleccionados y, por otro, evitar un escenario de bloqueo institucional. La postergación, sin embargo, podría extenderse, especialmente si el Senado no logra unificar posturas. Las elecciones legislativas del año pasado, que reforzaron la posición del peronismo, añaden incertidumbre al proceso. Mientras tanto, la Corte Suprema sigue con su labor, aunque con una estructura incompleta.

La decisión de Milei de postergar las designaciones refleja una combinación de estrategia política y necesidad de consenso. Mientras el Ejecutivo busca consolidar una justicia más eficiente, el escenario de incertidumbre persiste, especialmente tras el fracaso de 2025. El proceso, sin plazos definidos, podría prolongarse, afectando la estabilidad del sistema judicial.