El tiempo de infusión redefine el efecto del té

Preparar una taza de té parece un ritual cotidiano, pero su forma de preparación puede transformar su impacto en el cuerpo. La doctora Isabel Belaustegui, nutricionista especializada en salud integrativa, destaca que el tiempo de infusión modifica no solo el sabor, sino también la concentración de compuestos bioactivos, como la teína, que da al té su efecto estimulante. «No basta con elegir un buen té: el momento en que lo dejas infusionar puede cambiar sus efectos», afirma.

¿Cómo ajustar el tiempo según la hora del día?

En la mañana, cuando el té se usa como sustituto del café, un tiempo de infusión corto (entre tres y cuatro minutos) maximiza su capacidad para despertar y activar la concentración. «La teína liberada en esta etapa favorece una sensación de energía más rápida», explica Belaustegui. Sin embargo, en la tarde o noche, prolongar la infusión (mínimo diez minutos) reduce el impacto estimulante, ideal para evitar insomnio. Esta distinción es clave en un contexto donde el té se consume en distintas épocas del día, desde la mañana hasta la noche, especialmente en climas cálidos donde se busca refrescarse.

La ciencia detrás del sabor y la salud

La infusión no solo altera la textura del té, sino también su composición química. En una infusión breve, los compuestos más volátiles —como los responsables del aroma y el sabor— se liberan rápidamente, mientras que en una más larga, se extraen sustancias más estables, como polifenoles y catequinas, asociadas a beneficios antiinflamatorios y antioxidantes. «Esta variabilidad permite adaptar el té a necesidades específicas: energía, relajación o hidratación», subraya la médica. En verano, cuando el té se convierte en una alternativa al café, estos ajustes pueden optimizar su uso en diferentes momentos del día.

El té, aunque parece una bebida simple, encierra una complejidad química que se puede aprovechar con un toque de atención. La doctora Belaustegui recomienda ajustar el tiempo de infusión según la hora del día, una práctica que no solo mejora el sabor, sino que también maximiza sus efectos positivos en la salud.