El legado de un maestro del fútbol argentino llega a su fin

La vida de un maestro de la dirección técnica

Miguel Ubaldo Ignomiriello, quien falleció este viernes a los 99 años, dejó una huella imborrable en el fútbol argentino. Nació en La Plata en 1927, en una época donde el juego aún no era profesional. A los cuatro años, el fútbol argentinopasaba de la era amistosa a la rentada, y Ignomiriello se formó con los recursos de su época, convirtiéndose en un referente de la preparación física y la formación de talentos. Su carisma y visión lo convirtieron en uno de los mayores maestros del deporte, capaz de descubrir futbolistas que marcarían la historia.

La «Tercera que Mata» y el legado en Estudiantes

La formación de la «Tercera que Mata» es su obra más reconocida. En los años 60, como entrenador y coordinador de las divisiones inferiores de Estudiantes, armó un equipo que convirtió al club en uno de los más importantes de la Argentina. Jugadores como Juan Ramón Verón, Eduardo «Bocha» Flores y Carlos Pachamé se consolidaron bajo su tutoría. «La Tercera que Mata» no solo logró títulos, sino que redefinió el estilo de juego del fútbol argentino, combinando fútbol técnico con una mentalidad ganadora. Su trabajo también dejó una huella en Rosario Central, donde ayudó a conquistar sus primeros títulos después de su paso.

En la Selección, un proyecto alternativo en la altura de Bolivia

Ignomiriello no se limitó al club. Durante la trágica etapa de 1973, cuando la Argentina buscaba regresar a un Mundial tras la decepción de México 1970, formó la «Selección Fantasma». Bajo el mando de Enrique Omar Sívori, armó una plantilla con el objetivo de ganar un partido en Bolivia. La misión se cumplió gracias a la labor de Ignomiriello, quien no solo preparó al equipo, sino que también influyó en la mentalidad de jugadores que terminarían siendo piezas clave en la recuperación del fútbol argentino.

La muerte de Ignomiriello cierra un capítulo de la historia del fútbol argentino, pero no su legado. Sus métodos y visión aún son estudiados por entrenadores actuales, y su huella en Estudiantes y la Selección sigue viva. A los 99 años, su contribución al deporte no solo fue notable, sino fundamental para la evolución del fútbol argentino.