¿Qué dijo Robert Redford sobre los remakes de sus clásicos?

Durante un panel en el Festival de Sundance 2011, Robert Redford negó rotundamente los rumores de una secuela de *El candidato*. La película, protagonizada por él mismo y estrenada en 1972, marcó un hito en la historia del cine político. En su momento, Redford defendió que «hay algunas películas que es mejor no rehacer», una frase que se volvió su mantra al hablar de *Dos hombres y un destino* (1969) y *Tal como éramos* (1973). Estos tres títulos, según él, encarnaban «las historias que hay debajo de las historias», un proyecto narrativo que nunca se materializó.

La esencia de *El candidato* y por qué aún lo es hoy

*El candidato* sigue siendo relevante por su crítica a la política y la mediocridad. La película, dirigida por Michael Ritchie, retrata a un abogado idealista, Bill McKay, quien acepta presentarse al Senado sabiendo que perderá. Su honestidad, que lo lleva a hablar sin filtros, lo convierte en un candidato sorprendente. La trama, basada en el libro de Peter Maass, muestra cómo la política puede ser manipulada para silenciar voces auténticas. La cinta ganó el Oscar al mejor guion original, un reconocimiento que subraya su importancia histórica. Hoy, en un contexto donde la manipulación de la verdad es recurrente, la película no solo resurge como una crítica, sino también como una advertencia.

¿Por qué Redford quería un final no realizado?

El actor, que produjo *El candidato*, tenía planes para una continuación. En el siglo XXI, trabajó con el director Rod Lurie en una historia que mostraba a McKay convertido en expresidente, aconsejando a un nuevo candidato. El guion, escrito por Redford, incluía a figuras como Denzel Washington o George Clooney. Aunque el proyecto llegó a un borrador final, nunca se rodó. Según algunos críticos, la idea era explorar el costo de la política y la corrupción en un contexto más actual, algo que la película original ya anticipó. El rechazo a nuevos remakes, en cambio, se debe a la creencia de que el mensaje de *El candid de* no necesita ser repuesto, sino reinterpretado.

La relevancia de *El candidato* hoy se debe a su capacidad para reflejar realidades que aún no se han resuelto. Mientras el mundo de la política sigue siendo un terreno de batallas, la cinta de 1972 sigue siendo una herramienta para cuestionar los sistemas y las figuras que los representan.