Hace seis décadas, durante la Crisis de los Misiles de Cuba, la Unión Soviética ocultó parte de sus bombarderos nucleares por temor a un ataque. Ahora, una nueva lógica de vulnerabilidad ha resurgido.

Imágenes satelitales muestran que Rusia construye hangares fortificados en la base de Engels, ubicada en la región de Sarátov. Este lugar alberga la 22.ª División de Bombarderos Pesados, clave para ataques con misiles de crucero. Allí operan modelos como el Tu-95MS y el Tu-160, ambos fundamentales para la tríada nuclear rusa.

Los Tu-95, ya obsoletos, y los Tu-160, en producción lenta, son piezas insustituibles. Protegerlos bajo estructuras de hormigón refleja cómo la guerra ha alterado la estrategia rusa. Antes, la profundidad territorial y la visibilidad de los aviones eran suficientes. Hoy, la exposición al peligro es un riesgo inaceptable.

Ucrania ha desestabilizado la idea de que Rusia es inalcanzable. La presión en el frente ha obligado a Moscú a reevaluar su defensa nuclear, trasladando activos estratégicos a refugios subterráneos.

La decisión de bunkerizar la flota nuclear rusa marca un giro en la guerra, mostrando cómo las acciones ucranianas han forzado un reordenamiento de la estrategia militar rusa.