Donis Álvarez, en el frente de un edificio en ruinas de Catia del Mar, repite que su hijo estuvo vivo hasta el sábado. «El gobierno prometió ayuda y no la cumplió», exclama, desesperado. La comunidad exige colaboración al régimen, logrando desviar un camión con maquinaria especial en un acto de resistencia.

El caos en La Guaira, a 26 kilómetros de Caracas, avanza con el paso de las horas. Más de 96 horas han pasado desde los terremotos que dejan 1.450 muertos, 3.150 heridos y más de 70.000 desaparecidos. En la zona, los edificios se inclinan como queso gruyere, algunos a punto de caer.

Los sobrevivientes, entre el dolor y la impotencia, ven cómo la esperanza se diluye. El régimen reconoce que hallar sobrevivientes es casi un milagro. Aunque las autoridades se muestran más accesibles con los periodistas, la crisis humanitaria persiste.

La situación en La Guaira refleja un desafío crítico: el tiempo se acaba para salvar vidas, mientras la frustración de los afectados crece ante la falta de respuestas. La tragedia sigue sin encontrar un final.