UNAB implementó nuevo sistema para evaluar a docentes e investigadores
La Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB) creó un sistema de categorización para docentes-investigadores, que establece cinco niveles según su trayectoria académica y producción científica. La medida busca simplificar procesos de contratación y acceso a financiamentos, sin generar vinculación laboral con la institución.
Categorización basada en méritos y producción académica
La Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB) lanzó un sistema propio para evaluar y clasificar a sus docentes e investigadores, según se informó en un comunicado interno. El régimen se implementó mediante la Resolución de Rectorado N° RR-67/26-CS del Honorable Consejo Superior, que busca formalizar la valoración de la trayectoria científica y académica de los profesionales.
El esquema establece cinco categorías, cada una con un mínimo de puntos acumulados según su formación, publicaciones, proyectos y participación en eventos. La categoría DI1 (Excelencia consolidada) requiere al menos 950 puntos, mientras que DI5 (Formativa) se alcanza con 40 puntos mínimos. La idea es que estos datos sirvan como respaldo institucional para postularse a concursos internos y externos, formar equipos de trabajo y acceder a convocatorias de financiación.
Homologación de categorías previas y flexibilidad en colaboraciones
Los investigadores que ya cuenten con certificaciones en sistemas nacionales como el PRINUAR, el Sistema de Incentivos de la SPU, CONICET o CIC podrán solicitar su homologación en el nuevo sistema, según detalló la UNAB. Esta medida busca evitar duplicar esfuerzos y reconocer el trabajo previo de los académicos.
Otra novedad es la modalidad de adhesión institucional, que permite a los docentes de la UNaB colaborar con investigadores de otras universidades públicas sin que eso genere una relación laboral directa con la institución. Esto facilita la integración de proyectos de investigación sin implicar compromisos contractuales. La medida se enmarca en la necesidad de dinamizar la producción científica regional y aprovechar recursos compartidos.
Impacto en la comunidad académica y desafíos futuros
La puntuación obtenida en el sistema servirá como herramienta formal para evaluar el desempeño de los docentes e investigadores, lo que podría influir en su proyección dentro y fuera de la UNAB. El rector de la institución, en un comunicado, destacó que el objetivo es «promover la excelencia académica y la producción científica en el conurbano bonaerense».
Sin embargo, algunos académicos de la zona expresaron preocupación por la posible fragmentación de los esfuerzos de investigación. «El sistema es importante, pero debemos asegurarnos de que no se convierta en una barrera para el trabajo colaborativo», comentó un investigador de la Universidad Nacional de San Martín. La pregunta que surge es cómo se integrará esta herramienta con otros sistemas regionales y si permitirá evitar la competencia desleal entre instituciones.
Posibles consecuencias para la región y el sector educativo
El lanzamiento del sistema podría tener implicaciones en la distribución de recursos y la movilidad de profesionales en el conurbano. La UNAB, ubicada en Almirante Brown, forma parte de un ecosistema educativo que incluye a la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Tecnológica Nacional. La homologación de categorías entre estos centros podría facilitar la creación de redes de investigación más sólidas.
En el contexto local, el sistema responde a la necesidad de fortalecer la investigación en áreas como las ciencias sociales, la ingeniería y la salud. La secretaria de Ciencia de la provincia de Buenos Aires, en un reciente encuentro, destacó el rol de instituciones como la UNAB en el impulso de la innovación. La medida también podría influir en la atracción de talento académico, ya que unificar criterios de evaluación reduce la ambigüedad en la valoración de los profesionales.
La implementación del sistema de categorización por parte de la UNAB abre nuevas posibilidades para la investigación en el conurbano, pero también plantea desafíos en la coordinación institucional. La clave será garantizar que esta herramienta no se convierta en un muro, sino en un puente para la colaboración científica regional.
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