La zona norte de Venezuela vivió una secuencia sísmica inusual, con dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, acompañados de más de veinte réplicas. El primer temblor, de 7,2, ya causó daños en infraestructura crítica, pero el segundo, de 7,5, lo superó en intensidad. Ambos se ubicaron cerca de Morón y Yaracuy, estados afectados por la crisis.

Los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos revelaron que la energía liberada fue equivalente a un siglo de actividad tectónica normal. El segundo evento, que ocurrió 39 segundos después del primero, actuó como un «doblete sísmico», un fenómeno raro donde dos terremotos de gran tamaño se suceden en minutos. Inicialmente se dudó de la precisión de las mediciones, pero se confirmó que el primer temblor fue precursor del segundo.

En la geología, un terremoto «normal» tiene un epicentro principal y réplicas menores. En este caso, dos eventos principales se superponen en la misma zona tectónica, generando una liberación de energía inédita. Esta situación exige una evaluación de los riesgos en áreas con fallas activas, ya que el impacto combinado de ambos eventos fue mayor que la suma de sus efectos individuales.

El «doblete sísmico» en Venezuela pone en evidencia la complejidad de los movimientos tectónicos. La combinación de dos terremotos de gran magnitud en poco tiempo, junto con las réplicas, eleva el riesgo de daños y exige una respuesta coordinada ante la emergencia.