En Australia, cientos de jubilados enfrentan la crisis de la vivienda y buscan alternativas para sobrevivir.

Una vida en el auto y el dilema de los jubilados

Vera, de 85 años, vivió durante nueve años en su automóvil tras vender la casa que poseía desde su divorcio. La anciana explicó que no tenía otro remedio: «Nunca admití que no tenía hogar. Fingí estar allí». Tras perder su trabajo a los 62 años, se vio obligada a vender el apartamento que había comprado después de su divorcio. Los pagos de la hipoteca se hicieron insostenibles, y al vender la propiedad, su ahorro no alcanzó para cubrir gastos básicos.

La crisis de la vivienda y la «clase media desaparecida»

Según el Grupo de Acción para la Vivienda para la Tercera Edad (HAAG), alrededor de 508.000 australianos mayores viven en una situación de pobreza. Muchos se ven forzados a alquilar viviendas en etapas de la vida adulta, agotando sus ahorros hasta que sus ingresos quedan por debajo de los umbrales para acceder a ayudas. Vera, cuyo apellido se omitió por pedido de su familia, explicó que «en cierto modo es razonable», pero que si se hubiera tratado de una jubilación, «habría habido problema».

El divorcio como detonante de la crisis

La pérdida de la vivienda suele ser un factor clave en la precariedad económica de muchas mujeres. Yumi Lee, experta en políticas públicas, señaló que el divorcio puede ser un «detonante» para quienes, de repente, enfrentan la inseguridad habitacional. En casos como el de Vera, la venta de la propiedad no solo agotó los ahorros, sino que también generó un corte abrupto en la estabilidad financiera. «Era dinero procedente de la venta de la casa, y no alcanzaba para comprar nada más», destacó.

¿Qué hacer ante esta crisis?

El gobierno australiano enfrenta la complejidad de equilibrar la protección de los jubilados con el sistema de subsidios. Muchos de los afectados no califican para ayudas por tener ahorros por encima de los límites permitidos, lo que los deja sin opciones. La situación plantea un desafío para las políticas públicas: ¿Cómo garantizar la vivienda digna a quienes ya no pueden contribuir al sistema laboral? En tanto, Vera sigue buscando una solución, recordando que «es realmente doloroso recordarlo porque me hace sentir que fui muy estúpida».

La crisis de la vivienda en Australia no solo afecta a ancianos como Vera, sino a un sector creciente de adultos mayores que, tras años de esfuerzo, se enfrentan a la precariedad. El informe del HAAG resalta la necesidad de reformas en las políticas de vivienda para evitar que personas en situación de vulnerabilidad terminen en la calle. Mientras tanto, la historia de Vera se convierte en un testimonio de la fragilidad del sistema financiero en la vejez.