La Habana — Axisa y Aron Alfonso, dos hermanos de 6 y 7 años, recorren 1,6 kilómetros a caballo para llegar a la escuela, mientras otros niños dependen de un autobús amarillo soviético que ya no funciona. Sergio Alfonso Vásquez, agricultor y padre de los niños, dijo que «mis hijos casi nunca van a la escuela. Van, pero los maest y no vienen».

El bloqueo petrolero estadounidense ha agravado la crisis energética, reduciendo el número de vehículos en las calles. El gobierno cubano, para ahorrar combustible, cortó la jornada escolar a media jornada y recurrió a clases a distancia durante la pandemia. En febrero, adelantó el curso escolar y suprimió los exámenes de acceso a la universidad.

Las escuelas ya se recuperaban del huracán Melissa, que dañó cientos de edificios, y de la fuga de profesores. La escasez de libros, uniformes y materiales básicos como lápices y papel complicaba la educación. Ahora, la falta de combustible paraliza el sistema, que enfrenta una crisis sin precedentes.

La combinación de la crisis energética y anteriores dificultades ha generado una ruptura en el sistema educativo cubano, afectando a estudiantes, maestros y la infraestructura escolar.