En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral, destruyendo el satélite Amos-6 de Israel. El seguro salvó al operador, que pagó 300 millones de dólares tras el accidente. Estos seguros, aunque parecen un gasto superfluo en proyectos exitosos, son esenciales para cubrir riesgos de fallos como este.

La industria mueve más de 4.000 millones de dólares anuales. China, que antes aseguraba sus satélites mediante la PICC, ahora busca controlar el negocio. En 2025, un consorcio chino cubrió 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras locales para mantener el control del sector.

La decisión refleja una transformación global. Los seguros son clave para la inversión: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares. Sin cobertura, el riesgo de quiebra es elevado. China, al asumir el rol de aseguradora, asegura su posición en un mercado cada vez más competitivo.

La entrada de China en el sector de seguros espaciales redefine el juego global. Con una estrategia de control interno, el país garantiza financiación para proyectos tecnológicos que, de no tener cobertura, serían inviables.