Un estudio revela que dos horas semanales de entrenamiento de fuerza son suficientes para alargar la vida.
Dos horas semanales de entrenamiento con pesas prolongan la vida: más no suma.
Un megaestudio de 30 años con 147.374 participantes muestra que entre 90 y 120 minutos de ejercicio de fuerza reducen riesgos de mortalidad. La clave está en no pasarse, según el análisis.
La clave del estudio
El trabajo, publicado en el *British Journal of Sports Medicine*, sigue a 147.374 personas durante 30 años. El objetivo: comparar cuánto ejercicio de fuerza era suficiente para evitar enfermedades y prolongar la vida. Los resultados muestran que quienes entrenaban entre 90 y 119 minutos semanales tenían un 13% menos de riesgo de morir. Pero la curva se estancó: pasar de 120 minutos no brinda beneficios adicionales. «La dosis óptima no es más de 120 minutos», explica un participante del estudio, que no quiere ser identificado.
¿Qué muestra el análisis?
La investigación destacó que el entrenamiento de fuerza no solo previene el envejecimiento muscular, sino también riesgos como el infarto o la demencia. Quienes hicieron al menos 90 minutos de ejercicios con pesas redujeron un 19% su riesgo de muerte por problemas cardiovasculares y un 27% por enfermedades neurológicas. El estudio también desmintió la creencia de que solo los jóvenes necesitan gimnasios: «El beneficio no depende de la edad», afirma un investigador del proyecto, que añade que hay que adaptar los ejercicios a cada perfil.
¿Por qué importa ahora?
En un contexto donde el sedentarismo crece, el hallazgo apunta a una revolución en las rutinas de entrenamiento. «Muchos confunden más es mejor, pero el cuerpo no funciona así», dice una entrenadora física que trabaja en Buenos Aires. La meta, según el estudio, es no sobrecargar los músculos ni el corazón. «Hacer 150 minutos de ejercicio a la semana es excesivo», advierte. El consejo es simple: dos horas de fuerza, dos veces por semana, y mantener la intensidad sin pasarse. La clave, como revela la investigación, es equilibrar la carga para que el esfuerzo no se convierta en un riesgo.
Los resultados del estudio sugieren que ajustar las rutinas a este umbral podría evitar enfermedades crónicas. «La vida no se mide en minutos, pero en hábitos», resalta un especialista. La próxima etapa será validar estos datos en distintos contextos geográficos, aunque la evidencia ya apunta a que el entrenamiento de fuerza, con la dosis correcta, es un aliado clave en la salud pública.
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