El colecho vuelve a discutirse como herramienta para el descanso infantil. Tania García, experta en neurociencia y educación, explica que dormir junto a los hijos promueve un entorno seguro, clave para su desarrollo cognitivo y fisiológico.

«El contacto nocturno reduce el cortisol y genera oxitocina, lo que beneficia al cerebro de los niños», sostiene García. La especialista vincula el colecho con la regulación emocional, la autoestima y la capacidad de manejar el miedo.

En etapas tempranas, los niños dependen de la cercanía para calmar la ansiedad. García destaca que la sincronización de la respiración y el ritmo cardíaco entre adultos y niños fortalece conexiones neuronales, facilitando el aprendizaje.

Además, el colecho ayuda a reducir temores nocturnos y mejorar la sincronización de los ritmos circadianos. La educadora afirma que esta práctica fomenta destrezas emocionales y la capacidad de recuperación, siempre que se aborde con seguridad.

La experta subraya que el colecho no es un capricho, sino una herramienta que equilibra la seguridad y la autonomía. La clave está en guiar a las familias para que la convivencia nocturna fortalezca el vínculo sin limitar la independencia infantil.