En un año marcado por el calor extremo, una práctica antigua vuelve a ser relevante.
Encalado: una tradición resurge para combatir el calor extremo
La costumbre de renovar paredes con cal, arraigada en Roma, vuelve a ganar terreno en 2026 por la crisis climática. Su eficacia para regular la humedad y el frío se revalora en tiempos de ondas de calor.
Una tradición olvidada resurge por el calor
A principios del siglo XXI, el encalado de paredes era una rutina en casas mediterráneas, pero con el avance de materiales sintéticos, la práctica se dejó de lado. Hoy, en 2026, el fenómeno se repite: vecinos de ciudades como Córdoba y Rosario se unen a la tradición para combatir las temperaturas que superan los 40 grados. La cal, un material natural y biodegradable, vuelve a ser una opción viable cuando las soluciones modernas no alcanzan.
El secreto del encalado: ventilación y eficiencia energética
Aunque la apariencia blanca de las paredes parece un detalle estético, el verdadero valor del encalado radica en su capacidad para «respirar». La cal, obtenida al calcinar piedra caliza, permite que el vapor de agua se evapore gradualmente, evitando condensaciones que generan humedad y bochorno. Este proceso, que se ha perdido con el uso de pinturas plásticas, mantiene el interior de las viviendas más fresco y reducir la necesidad de climatización. «Es como si la pared se convirtiera en una piel que regula el clima», explica un arquitecto especializado en arquitectura sostenible.
Entre la nostalgia y la sostenibilidad
La revolución del encalado no solo es una revalorización histórica, sino también un paso hacia la sostenibilidad. Mientras que la industria de pinturas sintéticas genera residuos y emisiones de CO2, la cal se obtiene con procesos limpios y reutiliza materiales locales. En zonas de alta insolación, como la Pampa y el norte argentino, el encalado se convierte en una alternativa económica y ecológica. Sin embargo, la tarea no es sencilla: requiere conocimiento tradicional y mantenimiento periódico, algo que desafía a la generación digital acostumbrada a soluciones rápidas. «Es un equilibrio entre lo antiguo y lo moderno», dice una vecina de San Juan, que recibe cursos para aprender a encalar su casa.
La reaparición del encalado refleja una necesidad urgente de adaptar prácticas ancestrales a los desafíos climáticos actuales. Mientras la ciencia busca nuevas soluciones, la comunidad local descubre que los conocimientos del pasado pueden ser clave para un futuro más frío y sostenible.
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