La basquetbolista argentina volvió a la Argentina para unir fuerzas con la Selección.
Melisa Gretter, la capitana de la Selección, se emocionó con la Scaloneta y sueña con el Mundial
La jugadora de 33 años, hincha de Boca, vive un regreso especial tras 13 años en el exterior. Su experiencia en el Mundial 2018 la motivó a liderar la Selección en la lucha por una nueva cita internacional.
Una vida entre el fútbol y el baloncesto
Melisa Gretter nació en Rafaela y creció entre la pasión por el fútbol. Sus pies, entrenados para acariciar el balón en la cancha de su infancia, la llevaron a convertirse en una de las figuras más destacadas del baloncesto argentino. Aunque su corazón siempre latió por el fútbol, eligió el baloncesto como camino. «A los argentinos no nos regalan nada», afirma en una entrevista, recordando cómo el Mundial de 2018 reavivó su deseo de competir a nivel mundial.
El regreso como puente hacia el futuro
Los últimos 13 años de Gretter los pasó en Brasil y España, lejos de los campos donde creció. Cada vez que vuelve a Argentina, lo hace con una energía renovada. «Ver a mi familia y a mis amigos en persona es algo que no se puede reemplazar, aunque la tecnología nos conecte», explica. Su presencia en el país coincide con un proceso de recambio generacional en la Selección, donde su experiencia como capitana será clave. «Somos las que tenemos que guiar a las nuevas y no dejar que el esfuerzo se pierda», destaca.
Un presente en la lucha por el Mundial
Gretter forma parte de la plantilla que dirige Gregorio Martínez, listo para enfrentar el Clasificatorio Sudamericano y el Preclasificatorio Olímpico. Su rol como referente va más allá del campo: «Sabemos que cada partido es una batalla y que no podemos bajar los brazos», dice, recordando el ejemplo de la Selección femenina en el Mundial. La próxima etapa será decisiva para consolidar a una generación que quiere repetir el éxito de 2018.
Con el horizonte del Mundial en perspectiva, Gretter se prepara para liderar una nueva generación. Su historia, entre el fútbol de su infancia y el baloncesto de su profesionalismo, la convierte en un ícono de la lucha constante por los títulos internacionales.
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