El edificio derrumbado en Caraballeda, en la región costera de Venezuela, sigue siendo un lugar de incertidumbre. Desde el doble terremoto de la semana pasada, equipos de rescate de múltiples nacionalidades han intentado localizar a Fabio Bastardo, un niño de 9 años que se encuentra atrapado bajo escombros junto a su madre. La falta de señales de vida en los últimos días ha llevado a las autoridades a suspender temporalmente la búsqueda, pero su padre no abandona la esperanza.

«El menor fue el que alertó», recordó Francisco Bastardo, el papá del niño. Según su relato, Fabio notó la vibración antes que la madre, que se cree está sin vida. El hombre, que viajaba por el estrecho de Ormuz, llegó a Venezuela el domingo y desde entonces permanece junto al edificio de doce plantas. «No he visto un cuerpo real, pero lo siento en mi corazón», sostuvo durante una videollamada.

El desafío técnico es crítico: el edificio, que se mueve y presenta grietas nuevas, no permite operaciones de rescate seguras. «La estructura está muy delicada», confirmaron los expertos. A pesar de ello, la abuela del niño clamaba en las afueras del sitio que nadie actúa. «No han podido hacer nada», gritaba, mientras decenas de rescatistas y militares custodiaban la zona.

El caso de Fabio refleja la complejidad de las operaciones de rescate en zonas con estructuras inestables, una situación que se repite en otros casos similares. La comunidad internacional sigue vigente en el área, pero la falta de avances despierta la frustración de los familiares, que mantienen la esperanza de que el menor aún esté con vida.