La ola de calor que azotó Francia entre el 17 de junio y el 2 de julio dejó un saldo de más de 5.700 muertos, según datos oficiales. La cifra, considerada «sin precedentes», incluye a personas de 75 años o más, que representaron cerca de dos tercios de las muertes adicionales. Las temperaturas alcanzaron hasta 42°C, condiciones que el país no está preparado para soportar, con departamentos sin aire acondicionado y equipos de ventilación agotados.

La situación recuerda a la canicule de 2003, cuando Europa sufrió un episodio mortal que dejó más de 15.000 fallecimientos en Francia. En aquel entonces, el sistema de alerta meteorológica fue creado tras el trauma causado, pero hoy los expertos destacan que el impacto actual es aún más grave. «Más de la mitad de las muertes ocurrieron entre el 25 y el 27 de junio», explicó la agencia nacional de salud francesa, que no vinculó claramente cada fallecimiento al calor.

Los incendios, que no dan tregua, añaden una capa de peligro. En Bordeaux, dos bomberos perdieron la vida al intentar controlar un fuego en el área de la ría. El país enfrenta un desafío complejo: aulas sin climatización, hospitales saturados y una población anciana especialmente vulnerable. «El umbral de calor extremo no ha sido superado», alertó un funcionario, mientras se discute si las medidas de prevención son suficientes para evitar un escenario aún más crítico.

El contexto internacional también es clave. Mientras Francia lucha contra el calor, otras regiones de Europa enfrentan condiciones similares, lo que podría multiplicar el impacto de la crisis. La falta de infraestructura adecuada y la escasez de recursos en hospitales y centros de salud reforzan la crítica sobre la preparación del Estado. «Estamos en un momento donde el plan de contingencia se ve superado», afirmó un portavoz, señalando que el sistema no está alineado con los efectos de fenómenos climáticos extremos.

El país aún lucha contra incendios y una crisis sanitaria, mientras se evalúa la efectividad de las medidas tomadas para mitigar el impacto de las temperaturas récord.