La guerra en Ucrania es denominada «Operación Militar Especial» en Rusia, pese a ser el conflicto más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Autoridades atribuyen la escasez de combustible a «mantenimiento no programado en refinerías», sin mencionar ataques de drones ucranianos.

El gobernador del banco central habló de una «transformación estructural de la economía», un término que encubre el gasto militar que reorienta la economía hacia el complejo militar-industrial. Durante años, Putin aisló a la sociedad rusa de las consecuencias de la guerra mediante eufemismos.

Sin embargo, la presencia creciente de la guerra en Rusia genera frustración. Desde el 18 de junio, cuando Ucrania atacó Moscú con 200 drones, Putin evitó abordar los bombardeos. Tampoco comentó la amenaza de bombardear Crimea, anexada ilegalmente en 2014.

En una reunión el domingo, Putin reconoció la escasez de combustible afectando a 56 regiones. Afirmó que se deben implementar «medidas sistémicas», aunque no explicó la causa ni las implicaciones. La discrepancia entre la retórica oficial y la realidad vive en el centro de la tensión social.

La retórica rusa sobre la guerra en Ucrania se desgasta ante la evidencia de su impacto económico y humano, alimentando descontento entre la población.