Un vuelo de deportación procedente de Miami aterrizó en Venezuela horas antes de los sismos del miércoles. A bordo viajaban 146 venezolanos, incluyendo 19 mujeres y siete niños, según el ICE Flight Monitor. Fueron alojados en el Hotel Santuario La Llanada, en La Guaira.

Lisbeth Portillo, de 58 años, escapó entre escombros del hotel junto a otros 20 deportados. «Caminamos cinco kilómetros, no había comunicación», contó en una entrevista telefónica desde Maracaibo. Vieron a personas corriendo, algunas desnudas o descalzas, al salir del edificio. Llegaron a un edificio de la Guardia Nacional, donde llamaron a familiares.

Portillo afirmó que el gobierno los trasladó al hotel, donde se sometieron a exámenes médicos. El sismo de 7.5 arrastró el edificio, sepultando cuerpos bajo los escombros. Según el ICE Flight Monitor, Estados Unidos realizó 12 vuelos de deportación a Venezuela en mayo, operando tres días a la semana. Las operaciones reanudaron en febrero de 2025 tras una pausa de 13 meses.

El trauma de Portillo refleja el impacto de las deportaciones masivas. Los sobrevivientes enfrentan la devastación de los sismos y la incertidumbre de un futuro incierto.