Japón aplicó una subida histórica en las tasas de visados para extranjeros, pasando de 3.000 a 15.000 yenes para visados únicos y de 6.000 a 30.000 para múltiples entradas. La medida, vigente desde 1978, rompe con una congelación de precios que se mantenía durante 48 años.

El gobierno justificó el incremento citando la inflación y la debilidad del yen, que hace que el país sea más accesible para visitantes. Sin embargo, la gestión de visados es interna y no depende del tipo de cambio, lo que ha generado dudas sobre su verdadero propósito fiscal.

El ministro de Exteriores, Toshimitsu Motegi, aseguró que la subida no afectará el número de turistas, ya que el costo del viaje sigue siendo competitivo. Japón vive un auge turístico impulsado por la baja del yen, y la medida busca convertir este flujo en una fuente de ingresos directa.

La decisión refleja una estrategia para equilibrar el crecimiento económico con la gestión de visitantes, aprovechando la demanda generada por el yen débil.