La reina Máxima Zorreguieta y el rey Guillermo Alejandro, junto a su hija Ariane, vivieron una jornada intensa en el Mundial. Tras presenciar la victoria de los Países Bajos sobre Suecia, viajaron más de mil kilómetros para apoyar a Curazao en su enfrentamiento contra Ecuador.

La pareja real, conocida por su estilo sobrio, se presentó en ambos estadios con atuendos elegantes. En el partido de Houston, Guillermo Alejandro destacó por su entusiasmo al comentar: «Es una gran oportunidad para animar al equipo azul y al naranja». En Kansas City, Máxima y Ariane se unieron al equipo caribeño con su camiseta, convirtiéndose en un símbolo de conexión.

Los medios destacaron la vestimenta de la reina, acorde con el calor del verano, y su actitud natural al animar a los jugadores. Su presencia no solo reflejó el cariño por el fútbol, sino también la importancia de la unidad en el Mundial.

Su doble participación en el Mundial simbolizó la unión entre naciones y la pasión por el deporte, dejando una huella en el torneo.