Lionel Messi siempre fue elogiado por la precisión de sus tiros libres. Pero detrás de esa magia hay un estudio detallado. El último gol contra Jordania, el 19° de su carrera en Mundiales, no fue solo resultado de su talento. También de años de trabajo.

«Yo no pateo tiro libres», decía Messi en 2007. Pero en la Copa América 2011, su remate altísimo se convirtió en una imagen icónica. La dificultad de esos disparos requiere habilidad y técnica.

La historia de los tiros libres de Messi incluye consejos de entrenadores. Coco Basile lo animaba a imitar a Riquelme, mientras Maradona lo guiaba en Sudáfrica 2010: «No le saques tan rápido el pie a la pelota». Ahora, la física se suma a la narrativa.

El efecto Magnus, descrito por Newton, explica la curva de la pelota. La rotación genera fuerzas que desvían el balón. Messi, al apuntar al palo o al arco, muestra dominio de esta ciencia.

Thierry Henry, compañero de Messi en Barcelona, lo confirma: «Pegaba en la barrera, día tras día. Sí, hay un don. Pero hay que trabajarlo». El último gol del Mundial 2026 es un ejemplo de ese equilibrio.

El éxito de Messi en los tiros libres no es solo talento. Es la combinación de años de práctica, consejos de entrenadores y la aplicación de principios físicos que lo convierten en un artista del fútbol.