La Línea 10 del Metro de Madrid, una de las más importantes de la red, se convirtió en un hito de ingeniería cuando, hace 25 años, el sistema enfrentó el reto de remover 300.000 metros cúbicos de tierra para construir un túnel bajo la M-40. Según datos de 2024, en esta línea se rozaron los 84 millones de usuarios anuales, superando incluso a las líneas 1 y 6 en volumen de tránsito.

El proyecto, que se inició en los años 90, fue un desafío para los ingenieros del metro. La conexión entre la zona sur de Madrid y el norte, incluyendo el espacio financiero, requería una infraestructura que no solo soportara el peso de millones de usuarios, sino también la complejidad de pasar por debajo de una de las autopistas más congestionadas de la ciudad. El túnel, que fue construido a profundidades de más de 30 metros, fue una solución clave para evitar interrumpir el tráfico rodado.

La historia de la Línea 10 no es solo técnica. Se remonta a los años 60, cuando su recorrido era gestionado por la empresa privada Ferrocarril suburbano de Carabanchel. En ese entonces, el trayecto era una mezcla de lo que hoy es la Línea 5 y la 10. Durante los años 80, el Metro absorbió la compañía, y parte del trazado pasó a llamarse con la numeración actual, marcando el inicio de la modernización.

En los años 90, el tramo entre Casa de Campo y Aluche se conectó con la Línea 5, convirtiendo a Colonia Jardín en la cabecera de la reformada Línea 10. La expansión continuó en 2000 con la apertura de la Línea 12, una vía circular que conecta desde Alcorcón hasta Leganés y se une en su primer punto con la Línea 10. Hoy, esa red es uno de los principales flujos de movilidad diaria en Madrid, lo que exige soluciones constantes.

La obra de 1999 no solo cambió la geografía del metro, sino también la vida de quienes viajan diariamente. Hoy, la Línea 10 sigue siendo clave para conectar el sur con el norte, demostrando que la ingeniería del pasado sigue siendo relevante en el presente.