Redes sociales impulsan autodiagnósticos de trastornos mentales
Psiquiatra alerta: muchas personas creen tener TDAH, autismo o ansiedad por identificarse con contenido en redes
Kazuhiro Tajima, experto en salud mental, explica cómo el acceso a información y la normalización de discusiones sobre trastornos han generado una tendencia a etiquetar malestares como enfermedades. Asegura que no todos los síntomas requieren un diagnóstico profesional.
El auge de los autodiagnósticos en redes
La sociedad actual vive una encrucijada entre la democratización del conocimiento sobre salud mental y la sobreexposición a información incompleta. Según Kazuhiro Tajima, psiquiatra especializado en trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), las redes sociales han facilitado que más personas se identifiquen con contenido que describe síntomas de trastornos como autismo, ansiedad o TDAH. «Muchos llegan convencidos de que padecen una enfermedad porque vieron un video que los hacía sentirse comprendidos», explica. Sin embargo, Tajima advierte que no siempre un malestar emocional puntual equivale a un diagnóstico válido.
Factores que impulsan esta tendencia
La normalización de la discusión sobre salud mental es un avance, pero también trae riesgos. «Vivimos en una cultura que tolera poco el malestar», dice Tajima. La simplificación de conceptos complejos en formatos breves —como videos de un minuto— genera una identificación errónea. Por ejemplo, un contenido que describe síntomas de ansiedad puede ser visto como una explicación universal para cualquier sentimiento negativo, ya sea por estrés laboral o duelo. «La sociedad tiende a buscar respuestas médicas para emociones que son parte natural de la vida», señala.
Cómo distinguir un trastornado de una reacción normal
El desafío profesional radica en diferenciar entre una reacción transitoria y un trastorno que requiere intervención. Tajima explica que un síntoma persistente —como dificultad para concentrarse, cambios bruscos de humor o evitación social— podría indicar un diagnóstico, pero no siempre. «Sentirse mal no es sinónimo de padecer una enfermedad mental. Muchas veces es una respuesta a situaciones específicas», asegura. La clave, según el psiquiatra, está en la evaluación profesional, que debe considerar el contexto, la duración y la impacto en la vida diaria.
El fenómeno refleja una transformación en la relación entre el ser humano y la salud mental. Mientras las redes democratizan el acceso a información, también generan una cultura donde cualquier malestar puede convertirse en un diagnóstico. Tajima reitera la importancia de buscar ayuda especializada, pero advierte contra la etiquetización prematura. «La psiquiatría no es un recurso para justificar cada emoción, sino un apoyo para comprender cuándo un problema requiere atención», concluye.
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