La guerra entre Rusia y Ucrania ha tomado un giro inesperado: ambos bandos han bombardeado almacenes de comercio electrónico en territorio del otro, provocando muertes y millones en daños. En los últimos días, drones y misiles han destruido instalaciones de Nova Poshta en Ucrania y de Wildberries en Rusia, empresas clave en la logística. Según el presidente ucraniano, los centros rusos sirven para suministrar componentes a drones, mientras el Kremlin acusa a Kiev de atacar objetivos civiles.

El conflicto se enreda en la disputa por el control de infraestructuras críticas. Nova Poshta, la principal empresa de correos ucraniana, fue blanco de ataques rusos desde principios de año, incluyendo el bombardeo de su centro en Kiev en junio. En respuesta, Ucrania atacó almacenes de Wildberries, el «Amazon ruso», que también fue blanco de bombardeos en la región de Járkov. La dueña de Wildberries, Tatiana Kim, una de las empresarias más ricas del país, ha sido acusada de colaborar con la ofensiva militar rusa.

La justificación de los ataques gira en torno a la supuesta militarización de las instalaciones. «Las sanciones de Ucrania atacaron objetivos en Krasnodar y Stávropol, donde se fabrican componentes para drones», escribió Zelenski en redes sociales. Sin embargo, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, tachó de «terrorismo» los bombardeos de Kiev, señalando que los centros son civiles. La ambigüedad persiste: mientras los almacenes sirven para distribuir productos a hogares, ambos bandos alegan que se usan para fabricar armas.

El impacto humano y económico es devastador. Trabajadores muertos, redes de distribución interrumpidas y clientes de todo el mundo afectados. En Ucrania, la dependencia de Nova Poshta para el abastecimiento de pequeños negocios y hogares se vuelve un blanco estratégico. En Rusia, la destrucción de almacenes de Wildberries, que abastece a millones de usuarios, agudiza la crisis logística. La guerra se vuelve cada vez más incierta, con objetivos que desafían la distinción entre civil y militar.

La escalada de ataques a almacenes de comercio electrónico refleja cómo la guerra moderna mezcla estrategias militares con daño económico. La militarización de infraestructuras civiles complica la lucha por el control de recursos, dejando a millones de civiles en el centro de la contienda. El futuro de la región dependerá de si las partes pueden frenar este tipo de ataques que convierten a la población en blanco indirecto.