En las últimas horas, la policía de Lanús logró detener a tres sospechosos, entre ellos dos menores de edad, por el asesinato de Benjamín Conde, un joven de 19 años que fue encontrado muerto el 31 de mayo pasado en la intersección de la calle Dr. Ricardo Balbín y Guadalupe. El cuerpo de la víctima, según informes oficiales, mostraba múltiples heridas causadas por armas punzantes, lo que sugiere un ataque premeditado. Los responsables se dieron a la fuga inmediatamente después del hecho, huyendo de la zona y permaneciendo en el radar de la justicia durante casi dos meses.

La investigación, liderada por la Unidad Táctica Operativa de Lanús y respaldada por la Infantería, culminó con 12 allanamientos que permitieron ubicar y capturar a los acusados. Durante las operaciones, se secuestraron dos revólveres calibre 32, cinco dispositivos móviles y prendas de vestir que, según las autoridades, fueron utilizadas en el momento del crimen. Los detenidos, con edades de 15, 16 y 18 años, serán juzgados en el marco de una causa que incluye el delito de homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y el concurso premeditado de dos personas.

La comunidad de Lanús, un distrito que ha enfrentado múltiples episodios de violencia en los últimos años, reacciona con preocupación ante el caso. En las calles de los barrios de San José y Belgrano, vecinos se preguntan cómo se puede garantizar la seguridad en un lugar donde ya se conocen los patrones de delincuencia juvenil. «Esto no es la primera vez que pasa, pero siempre queda la pregunta: ¿quién los controla?» dice un comerciante de la zona, que vive cerca del lugar del crimen.

La Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil de Lanús y la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 3 supervisan el caso, que podría dar lugar a medidas de protección para los menores involucrados. Sin embargo, la comunidad espera que el proceso judicial sea transparente y que las autoridades tomen acciones preventivas para evitar que episodios similares se repitan.

La detención de los sospechosos abre una nueva fase del caso, pero el impacto en Lanús se mide en la tensión que genera la violencia juvenil. Mientras se espera el juicio, la ciudad sigue preguntándose cómo enfrentar un problema que, según las últimas estadísticas, sigue creciendo en los barrios periféricos.