El Mundial 2026 deja en claro que la tecnología de videoarbitraje (VAR) puede operar sin perturbar el desarrollo del partido. Durante la primera fecha de la fase de grupos, solo hubo cuatro intervenciones formales de los árbitros para revisar jugadas. Esta cifra contrasta con el fútbol argentino, donde en un fin de semana típico se registran más revisiones y discusiones.

En partidos clave, como Estados Unidos-Paraguay, el árbitro neerlandés Danny Makkelie corrigió una decisión inicial al anular una tarjeta amarilla y sancionar por simulación. En Francia-Senegal, el árbitro Alireza Faghani rechazó una posible penalización sobre Mbappé, manteniendo el fallo original. En Austria-Jordania, se anuló un gol por mano previa y se otorgó un penal minutos después. Estos casos, pocos pero relevantes, muestran cómo el VAR se integra con discreción.

Otras situaciones, aunque menos visibles, también destacan el funcionamiento del sistema. En Inglaterra-Croacia, el VAR detectó una invasión reglamentaria tras un penal ejecutado por Harry Kane, pero no se intervino en el campo. Este tipo de decisiones subrayan la tendencia del torneo a minimizar la presencia del VAR, algo que no sucede con la misma frecuencia en Argentina.

El contraste entre el Mundial 2026 y el fútbol argentino revela un problema estructural en la implementación del VAR, donde la tecnología se percibe como una herramienta poco eficaz o generadora de controversia.