A diez años de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el descontento crece. Seis de cada diez ciudadanos optarían por volver al bloque, según encuestas recientes. El primer ministro, Keir Starmer, lo considera clave para enfrentar crisis económica y amenazas externas.

Manifestaciones en Londres reflejan la frustración de miles de proeuropeos que exigen el retorno al bloque. Carteles como «Regresen a la UE, el Brexit ha fracasado» marcan la indignación. Organizaciones y activistas continúan denunciando las consecuencias de la decisión, que generan obstáculos y trastornos.

La opinión pública muestra un claro deseo de acercarse a Europa, especialmente entre jóvenes y votantes laboristas. Sin embargo, la crisis persiste: pasaportes irlandeses, conflictos fronterizos y la incertidumbre económica alimentan la exasperación diaria.

La campaña por el «Bregret» (Brexit + regret) se intensifica. Activistas como Peter Corr, copresidente de la Marcha Nacional por la Reincorporación, rechazan celebrar el aniversario: «No será una fiesta, queremos reincorporarnos cuanto antes».

El Brexit, ahora un recuerdo amargo, deja un legado de descontento y demanda de cambio. Aunque la mayoría de los británicos se arrepiente, el camino hacia una posible reingrésion sigue bloqueado por complejos desafíos.