Los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela superan la capacidad de los hospitales públicos, que ya venían sufriendo falta de suministros y personal. En La Guaira, el acceso está restringido para garantizar operaciones de rescate, pero la situación se agrava con pacientes heridos graves y la llegada de casos complejos como insuficiencia renal y síndrome de aplastamiento.

El sistema de salud, debilitado por años de crisis económica y desaparición de miles de médicos y enfermeros, no resiste la presión. Según Huníades Urbina, médica de la Academia Nacional de Medicina, «ya carecíamos de la capacidad para atender pacientes en un día normal». Ahora, cientos de heridos emergen de escombros, exigiendo recursos que no existen.

La primera oleada de heridos tuvo lesiones por aplastamiento y fracturas, pero la fase crítica llega con personas atrapadas días bajo los escombros. Médicos alertan sobre infecciones, traumas psicológicos y un aumento de casos graves en las próximas semanas. La ayuda internacional comienza a llegar, pero la respuesta local se ve limitada por la escasez de equipos y medicamentos.

La tragedia pone al descubierto un sistema sanitario desgastado, donde la emergencia humanitaria se suma a la crisis de salud. La urgencia es atender a los heridos, pero el colapso institucional complica el rescate y la recuperación.